Racionalizaciones que me mantienen seguro, en mi pequeño cuadrado; feliz pero inquieto, tranquilo pero invariable. Toda una vida cultivando una moral hermosa (a partir de lo que yo considero justo y equitativo para los demás), aplaudida por algunos, irreconocible por muchos, y absurda para ciertos.
Estancado es la palabra precisa. Este principio de vida me absorbió, me transformó en lo que siempre quise ser y no ser. Es que, y como aparecía en una de las narraciones de la primera entrada, me veo constantemente expuesto a la posibilidad de llegar a la vanidad expuesta. ¿Qué tengo para ofrecer? ¿En qué soy mejor que un otro y cómo eso puede considerarse no-orgullo? En definitiva, ¿Cómo "tentar" sin darse importancia?
Y aunque ese dilema estuviese superado, ya no tengo las cosas que yo creía tan valiosas para ofrecer. Más vale aclarar mi principio moral: No puedo fanfarronear con las cosas que he logrado en la vida o alguna habilidad de cualquier índole, con la excepción de que se tratase de algo que me haya costado extremo esfuerzo. En mi caso, la gran mayoría son destrezas "heredadas" y por lo tanto, no puedo sentirme orgulloso de ellas.
Y ahora que el esfuerzo es lo que más cuenta, apenas pertenezco a la mediocridad. Y con ello, millones de personas están por sobre mí.
Mi parte más instintiva se ríe de mi moral mientras me destroza.
PD: Pensé que hoy era un buen día para hacer un compendio de mi pequeño cuadernito. Quedó como quedó, al parecer no estaba lo suficientemente bajoneado.
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