sábado, 23 de mayo de 2009

Sueños Arquitectónicos

Al parecer no me gusta ser como soy... o por lo menos así estoy quedando en todas las cosas que escribo acá, ya que un tema recurrente y que ha salido a flote tanto con como sin premeditación es la vergüenza.
¿Y a qué se debe esta vez? (el weon latero)
Bueno, deriva de que dentro de una actual y persistente crisis vocacional me puse a pensar cuál era mi "sueño arquitectónico". Y... me quedé pensando. No tenía una respuesta clara. De hecho, en un primer momento pensé que no existía tal. (Chan!) ¿Cómo voy a estar estudiando algo así de sacrificado y no me proyecto nada?
Después de darle un par de vueltas al asunto, encontré uno. Uno que me avergonzaba, pero que era lo más cercano a lo que podría catalogarse como sueño: hacer edificios bonitos y elogiados. Y sentí que no era un sueño propio, era extraño, era obsoleto; no era un sueño que me identificara ni con mi presente ni con mi pasado, no sentía ni ese anhelo ni ese delirio tan sensacionalmente agradables de las utopías proyectadas.
Y había dos cosas allí que estaban interfiriendo esas emociones y externalizando mi sueño. Primero, que en sí mismo carecía de toda profundidad. Y segundo, que no estaba disfrutando casi nada de lo que hacía en relación a la arquitectura, sin saber si era causa o consecuencia de mi crisis.
¿Dónde está la profundidad de la arquitectura?, pensé entonces, y las respuestas llegaron rápidamente... No era una pregunta muy difícil. Espiritualmente, todos los babosos del Renacimiento y el Mundo Antiguo le pudieron dar un sentido menos terrenal en números, secuencias y proporciones sagradas. Prácticamente, la vivienda social y el urbanismo tienen bajo su alero el mejoramiento de las vidas del resto de los mortales, un fin mucho más noble que mi fantasía inicial. ¿Por qué no podía soñar con alguno de esos entonces?
Y seguí pensando, y tenía una razón para ello, relativamente inconsciente. Para el común de la gente, la arquitectura no es más que un adorno. Obviamente que yo con estudios de por medio sé que no es así, pero, ¿De qué me sirve si no hay conexión? Somos seres anónimos que mejoramos la calidad de vida de las personas y en ocasiones ni siquiera lo saben. Por lo tanto, nuestra utilidad solamente puede ser respaldada y criticada por nosotros mismos. Repito, ¿Dónde está la conexión?
Intenté creer que no era necesaria una conexión, para muchos no lo es, pero mis otros sueños se empeñaron en decirme lo contrario.
¿Otros Sueños? La literatura y la música... Y aquí sí, siento el anhelo y el delirio del sueño... A pesar de que no tengo idea por qué tengo esta necesidad compulsiva de expresarme, ambas cosas son mucho más declarativas que la arquitectura.

La arquitectura es fría e impersonal.